IMPERMANENCIA

Una fuerte racha de viento.

El cerezo en flor de mi vecino se deshoja en un instante precipitando una lluvia de pétalos rosados y blancos.

Vuelan sobre mí como si fuese una novia saliendo por la puerta de la iglesia.

Un momento mágico que hace explotar mi alegría y me invita a bailar como si tuviera cinco años.

No hay primavera que no pueda romperse en un solo instante.

Ni risa que no pueda transformarse en llanto.

Miro el cerezo.

No se parece en nada al que era hace unos minutos, pero sigue siendo el mismo.

Se podría pensar que ha perdido su belleza.

Que se ha quedado en los huesos maldiciendo al viento y quejándose de su mala suerte.

Que las abejas ya no quieren ni acercarse y se compadecen de él en la distancia porque ya no hay perfume que les atraiga.

Míralo, el más florido de todos, la envidia del barrio… y ahora, pelado y triste.

Ni olor ni sombra da.

Ni un solo pájaro jugando entre sus ramas.

Sólo el cerezo sabe que muchas de esas flores ya fueron fecundadas.

Que el fruto no necesita ya los pétalos.

Que el viento ha sido su mejor aliado.

Porque hay algo más profundo a punto de salir.

Y una mañana despertará rebosante de cerecillas rojas.

Así vienen cada día muchas personas a mi escuela.

Sufriendo porque el viento de la vida les ha arrebatado de un solo golpe todas sus flores.

Doloridas y añorando sus pétalos blancos.

Y yo las miro como hoy he mirado al cerezo.

Respetando su dolor, pero sabiendo que nos les pasa nada malo.

Que es sólo la vida en su eterno juego de cambio.

Sufrimos porque no entendemos los procesos naturales de la existencia.

Porque nos venden una vida de flores eternas.

Y sonrisas permanentes.

Y no.

No hay nada para siempre.

No hay fruto hasta que no muere la flor.

Las miro con el mismo amor que siento por la vida que se despliega ante mis ojos.

Honrada por mostrarles cómo desarrollar la sabiduría del cerezo.

Que sabe que las flores volverán.

Pero caerán una vez más.

Que habrá hojas y frutos que acabarán en el suelo, pero eso nutrirá la tierra que será también su alimento.

Que se partirán algunas ramas.

Pero crecerán nuevos brotes.

Que habrá sonrisas.

Y ataques de furia.

Pérdidas desconsoladas.

Y bailes de alegría.

Porque están vivos y la vida siempre está en marcha.

Les enseño a centrarse en sus raíces.

Llueva o haya sequía.

No pueden saber cómo de frío será el próximo invierno.

O si un rayo partirá su tronco en dos.

Aprender a confiar en las estaciones.

Agradecer las gotas de rocío de la mañana.

Amar sus ramas desnudas.

Y disfrutar de una nueva puesta de sol.

Porque un día morirán.

Sí, eso también pasará.

Un día ese hermoso cerezo no estará.

Y dejará un pequeño vacío.

Pero mientras existió nutrió a personas, pájaros y abejas.

A la tierra, al aire y a las miradas.

Y esta mañana.

Esta precisa mañana, su lluvia de pétalos ha hecho estallar de amor mi pecho.

Y quizás ese mágico momento, podría cambiar mi vida por completo.

Quién sabe de lo que es capaz una persona con el corazón abierto.

Fanny Jiménez Guerrero
www.contemplo.es
info@contemplo.es

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