SUCEDÁNEOS

Un bebé necesita el dulce pezón de su madre, pero acaba chupando un pedazo de plástico.

Despierta en mitad de la noche y sólo puede tocar los barrotes de la cuna.

En lugar de una piel caliente y suave, encuentra sábanas de poliéster con ositos y lacitos y demás pamplinas.

Donde espera el embriagante olor de unos pechos plenos de oxitocina, sólo litros de Nenuco y un biberón con polvos blancos.

Llora porque tiene hambre, pero le enseñan un reloj.

Llora porque tiene miedo y sólo hay vacío, no vaya a ser que los brazos lo malcríen.

¿Cómo hallar calor mamífero en medio de tanto peluche?

Sucedáneos del amor.

De la vida

Y así creces sin saber si quiera que no sabes a qué sabe el amor de verdad.

A qué huele la vida de verdad.

Por eso seguimos buscando sucedáneos.

Cigarrillos.

Comida vacía.

Follamigos.

Películas.

Religiones.

Y pastillas.

Cosas que parecen, pero no son.

Penes de látex.

Silicona en las tetas y en los labios.

Cremas con parafinas.

¿Cómo no van a estar llenos los océanos si hasta tenemos plastificado el corazón?

Si quieres ver huir a alguien de tu vida, míralo con amor.

Correrá aterrado de sentir el pulso de lo vivo.

De perder el control.

Y te hará sentir culpable de lo que mana de tus poros cada primavera.

¿Cómo reconocer lo que no se conoce?

¿Se puede ser auténtico en una realidad de mentira?

Ay, humano… demasiado humano.

Te perdiste buscando lo que ya tenías.

Quisiste construir un jardín de Ikea en mitad de un paraíso.

Te has creído más listo que la propia vida.

Fanny Jiménez Guerrero

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